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jueves, 24 de septiembre de 2015

COREA en 12 DÍAS: Día 0

DÍA 0: LLEGADA A COREA

Los sueños no se hacen realidad, los haces realidad. 

Y así lo hicimos. Hicimos realidad nuestro sueño de viajar a Corea. Y fue mejor que todo lo que pudiéramos haber soñado. Hemos vuelto con un universo de recuerdos y un saco de anécdotas por contar. Espero que a través de las siguientes entradas disfrutéis este viaje tanto como lo hicimos nosotras.

¿CÓMO SURGIÓ EL VIAJE?

Ese es el gran misterio...

Todo comenzó con una inocente conversación de Whastsapp, una de esas tantas charlas hilarantes que suelo compartir con mis amigas doramaniacas. En esta conversación en concreto mi co-bloggera y gran amiga Nur (Zaserty) hizo un brillante comentario. No recuerdo sus palabras textuales, pero venía a decir lo siguiente: "He estado ahorrando y este año quiero ir de vacaciones a Corea".

No era un comentario inusitado. Cuando eres una doramaniaca y k-popera (entre muchas otras cosas) viajar a Corea es un sueño compartido y recurrente. Pero este inocente comentario tendría grandes repercusiones. ¡Porque de verdad terminamos en Corea! 

¿Cómo?

Creo que cuando tanto Hye Yun (una buena amiga y autora invitada ocasional) como yo (soy Yuna, por cierto :P) respondimos a Nur que nos apuntábamos al plan lo hicimos medio en broma, pensando que no llegaría a nada más que otro chiste, otro sueño común. Pero a lo largo de las siguientes conversaciones ese pequeño comentario fue tomando forma y antes de darnos cuenta estábamos haciendo planes, mirando vuelos y concretando fechas. Y sin terminar de creernos que de verdad lo estábamos haciendo, estábamos preparando un viaje juntas a la tierra de nuestros sueños. ¡Lo hicimos!

¡El día que compramos los billetes de avión el sueño se volvió una realidad! Aunque debo decir que aún necesité de un par de meses para terminar de creerme que, en efecto, nos íbamos a Corea. 

Por el camino al sueño tuvimos nuestros momentos de crisis. Hye estuvo a punto de quedarse en tierra por asuntos personales. Por suerte, todo se resolvió y pudimos volar al País de los Doramas. ¡Las tres juntas! Eso en si mismo es ya todo un sueño cumplido. Este viaje no hubiera sido ni una tercera parte de divertido si no lo hubiera podido compartir con ellas.

Tantas risas, tantas anécdotas, tantas locuras... ¡ASÍ ES NUESTRO RECUERDO DE COREA!



PREPARACIÓN DEL VIAJE

Hicimos todo por nuestra cuenta. Compramos los vuelos por internet y reservamos los albergues vía Booking. Todo lo demás lo hicimos personalmente en Corea.

Decidimos visitar Busan, Jeonju y, por supuesto, Seúl. El plan inicial sufrió varios cambios por el camino, primordialmente porque cuando teníamos todas las reservas hechas Nur se enteró de que había un Gran Festival K-Pop gratuito en Seul y coincidía con nuestro primer día en Busan. Así que tuvimos que cambiar el planning precipitadamente. ¡Con mucho amor por supuesto! No había forma posible de que nos perdiéramos semejante acontecimiento. ^^

De modo que el plan final quedó en pasar nuestro primer día en Seul, 3 días en Busan, 1 en Jeonju y los restantes días en Seul.  

Nur se encargó de reservar albergues y una búsqueda exhaustiva de lugares de interés doramaniaco, mientras yo me hice cargo de la vertiente histórica y cultural (Creo que Hye y Nur aún me guardan cierto rencor por tanto templo y palacio que les hice recorrer. Pero quiero creer que les gustaron mis clases de historia coreana, gentileza de tanto drama histórico). Mientras, Hye se dedicó a ... bueno, ser Hye. >.<  Es lo que mejor se le da. :P

Los billetes de autobús y tren para movernos entre ciudades los compramos en Corea y no tuvimos ningún problema con hacerlo con poca antelación.



EL VIAJE

Hye Yun voló desde EEUU con Korean Air. Consiguió un vuelo directo y pudo disfrutar de doramas y películas coreanas durante las 14 horas de viaje. (¡Suertuda!)

Mientras, Nur y yo despegamos de Madrid (España) con Turkish Airlines, vía escala en Estambul, hasta el aeropuerto de Incheon donde nos esperaba Hye. En total unas 16 horas de viaje (escala de 2 horas incluida). A eso hay que añadirle las casi 6 horas de viaje en bus que me tragué desde mi ciudad, San Sebastian, hasta Madrid. Terminé sin tener muy claro dónde tenía las piernas y cuál era su función, pero mereció la pena.

Elegimos Turkish porque ofrecía el precio más económico y fue una elección acertada. Un vuelo sin retrasos ni incidencias, trato amable y buen servicio (que incluía comida, bebida, un neceser, auriculares... y una delicia turca al despegar). Cada asiento tenía su propia pequeña televisión donde elegir entre una variedad de films, series, juegos y música. Tuvimos la suerte de contar con una pequeña selección de cine oriental, así que nos lo pasamos en grande viendo juntas "Fashion King" y especialmente "Twenty".

Nos dieron de comer tres veces, una en el vuelo corto a Estambul y otras dos en el largo a Corea. Como consecuencia entramos en una paradoja alimenticia-temporal, ya que cenamos dos veces y desayunamos a las 5 de la tarde, hora coreana. ¡Toda una experiencia!



LA LLEGADA

Aterrizamos sin incidencias y logramos localizar nuestras maletas sin mayores percances. Por el camino en el aeropuerto Nur y yo nos repetíamos una a la otra: "¡No te lo vas a creer! ¡Estamos en Corea!"

Es una realidad innegable una vez que te ves rodeada por caras orientales y ojos rasgados.

A nuestra llegada nos esperaba la primera decepción. ¡HYE NO NOS ESTABA ESPERANDO CON PANCARTAS! Y eso que habíamos hecho patente en repetidas ocasiones nuestro deseo de un recibimiento con carteles y corazones de colores. Pero nada, nuestro gozo en un pozo. ¡Es más, la pequeña tigre ni siquiera estaba en la puerta de llegadas esperándonos! ¿Os lo podéis creer?

Por suerte, estuve perspicaz localizando rápidamente un Starbucks (punto neurálgico donde encontrar Hyes) y de camino allí en efecto dimos con ella, vaso de café en mano. Bueno, para ser exactas ella dio con nosotras gracias a su espectacular capacidad auditiva y de deducción. Dicho con sus propias palabras: "Oí hablar español y supe que eran ustedes". ¿Quién más iba a hablar castellano en un aeropuerto coreano?

Espectáculo en el Aeropuerto de Incheon


CAMBIAR DINERO

Tras un saludo efusivo y emocionado, nos dispusimos a nuestra primera aventura en tierra coreana... ¡CAMBIAR DINERO!

En el Aeropuerto de Incheon hay servicio de cambio de divisa 24h (aparte de cine, spa, pista de patinaje y no-se-cuantas pijadas más). El mostrador se encuentra cerca de la Puerta de Llegadas Internacionales así que enseguida lo localizamos. (Ayudó que Hye había tenido tiempo de dar una mini-vuelta por las inmediaciones).

Decidimos cambiar una buena pizca de dinero para no tener que preocuparnos demasiado con encontrar Casas de Cambio durante nuestro viaje. (Hay que tener en cuenta que teníamos que pagar el alojamiento). A pesar de todo tuvimos que volver a cambiar más adelante, pero nos llegó ese primer cambio para aproximadamente la mitad del viaje.

Tuvimos que acostumbrarnos pronto a la moneda coreana, a manejar cifras en miles. Después de todo 1000 won no son nada. Para haceros una idea, en el momento de nuestro viaje 1000 won equivalían aproximadamente a 0.75 euros o 0.84 dólares.



EL METRO y LA T-MONEY

Dinero en mano nos dirigimos hacia el tren/metro que nos llevaría desde el aeropuerto al corazón de Seúl. Antes intentamos localizar un punto de venta de T-Money, sin éxito.

La T-Money es la tarjeta de transporte coreana. Pagas el precio inicial de la tarjeta y lo demás lo vas cargando en ella en función de la necesidad. Sirve para el metro, el autobús y es incluso aceptada en algunas tiendas de ultramarinos. La usamos tanto en Seúl como en Busan sin problema (un puntazo que la tarjeta sirva en distintas localidades). La puedes comprar en máquinas que se encuentran en las estaciones de metro y en tiendas de abarrotes (convenience-stores) y a tu partida puedes meter la T-Money en una máquina que te reembolsa el dinero cargado (salvo el coste inicial de la tarjeta).

Obviamente, sale más económico viajar con la T-Money que con billetes ordinarios (con la T-Money cada viaje de metro cuesta unos 1200 won).

Pero, aunque sabíamos todo esto, no logramos encontrar dónde comprarla en el aeropuerto y nos tuvimos que conformar con un billete ordinario de ida a Seúl. Lo compramos en unas máquinas a la entrada del tren, todo en inglés y sin problemas. En general, tanto el aeropuerto, como el metro y los lugares de interés turístico estaban indicados en inglés.

Probablemente habrá lugares dónde comprar la afamada T-Money, solo que nosotras no los encontramos y como no queríamos perder más tiempo dando vueltas por el aeropuerto decidimos viajar a Seúl y ya nos las arreglaríamos allí.

El viaje al corazón de Seúl dura aproximadamente una hora. Ser las únicas occidentales en un tren de coreanos es toda una experiencia, y alguna expresión perpleja ya nos encontramos.

Tuvimos que hacer transbordo al metro para viajar hasta la zona donde teníamos el hostal donde pasaríamos las dos primeras noches. Es en una tienda en la propia estación subterránea donde dimos al fin con la T-Money. Conseguimos hacernos entender con el dependiente mediante sus señas e inglés macarrónico y nuestra timidez natural y logramos comprar y cargar la tarjeta. ¡Eureka!

No era más que el comienzo de la aventura...

Al dar con las máquinas para salir de la Línea Incheon y tomar el metro nos encontramos el primer gran enigma coreano... ¿Había que pasar el billete que habíamos utilizado para el tren Incheon-Seúl? ¿O la T-Money?

Fue el primer fallo épico de nuestra lógica aplastante. (Descubriréis a lo largo de este viaje que los coreanos son aplastantemente ilógicos). Nuestro ejercicio mental fue el siguiente: Para salir de la Línea del Aeropuerto habría que utilizar el billete del aeropuerto y más adelante habría otra máquina para entrar al metro en la que pasar la T-Money.

¡ERROR!

Si que pudimos salir de la línea de Incheon con el billete ordinario, pero luego se accedía directamente a la línea de metro, Ergo... cuando fuimos a salir nos encontramos con  que ninguna de las tarjetas funcionaba.

¡Estábamos encerradas en el metro coreano y sin escapatoria!

Que no cunda el pánico. Una amable mujer nos ayudó a salir (en general, los coreanos fueron muy amables) y una de las trabajadoras del lugar nos leyó ambas tarjetas, nos echó una parrafada en coreano de la que no entendimos ni papa, a la que nosotras asentimos con cara de bobas entendidas (una habilidad que pronto desarrollamos y encontramos de gran utilidad) y nos dimos a la fuga sintiéndonos estúpidas.

MORALEJA DE LA HISTORIA: Para entrar al metro y/o hacer transbordo entre líneas hay que usar la T-Money o sacar un nuevo billete ordinario. No hay máquina para salir de una línea y luego entrar a otra, sino que todas son una con el universo subterráneo coreano. Muy zen.



UN COREANO DEMASIADO AMABLE

Después de liarla con la T-Money ¿qué más podía pasar?

Pregunta que uno nunca debe formular.

Pues que llegué al ascensor y con mi lógica occidental aplastante pulsé el primer botón que vi. Ya sabéis, ese que en todo los lugares de dios sirve para llamar al ascensor. ¡Pues no! En Corea tienen dos botones los ascensores. Uno grande, rojo y que te seduce para que lo toques que resulta que es para discapacitados y otro pequeñito y más disimulado, así como escondido, para llamar al ascensor a la manera tradicional.

Podéis imaginar a que botón le di... Y que sonó una alarma muy chula también.

Por suerte, esta vez no invocamos a ajummas coreanas y nadie vino a soltarnos una parrafada en coreano sobre los botones del metro y sus usos.

Para el segundo ascensor ya había aprendido la lección y conseguí llamarlo sin hacer un espectáculo de mi misma. (¿No os sentís orgullosos de mi asombrosa capacidad de autoaprendizaje?)

Pero aquí nos topamos con un ajussi que debió de vernos caras de perdidas (o palurdas, no lo tengo yo muy claro) y  tuvo a bien explicarnos cómo usar un ascensor. (Ajussi, brutas somos pero no tanto...).

Este señor subió con nosotras en  el ascensor a la superficie y cuando nos vio sacar el plano para intentar encontrar la dirección al hostal nos señaló amablemente la dirección.

Nos pusimos en marcha, con las maletas a rastras, rumbos a nuestro primer destino. Se supone que encontrar el lugar era fácil, solo había que dar con un Starbucks y luego un Dunkin Donuts. Bien, pues no vimos ni el Starbucks ni el Dunkin Donuts. Pero con el plano y nuestra capacidad deductiva logramos adivinar la dirección.

A todo esto que nos encontramos con que el ajussi nos está siguiendo. El buen hombre se había desviado de su camino para asegurarse de que íbamos bien. Excesivamente amable, tanto que rozaba en argumento de película de terror... Ajussi excesivamente amable guía a tres ingenuas extranjeras a su propia muerte. Uuuuh!

En realidad, el pobre hombre solo quería ayudar. Solo que esta vez su buena voluntad cayó en saco roto porque nos indicó (e insistió) en la dirección equivocada. Para entonces nosotras ya nos habíamos aclarado con el mapa y sabíamos qué camino coger, y NO era el que nos señalaba el buen hombre.

Pero tanto nos insistió y visto que no tenía intención de dejarnos hasta asegurarse que íbamos en buen camino (lo que él creía era el buen camino) sacamos nuestras dotes interpretativas y fingimos hacer lo que nos decía. Remoloneamos un poco en la dirección que nos indicaba y en cuanto se alejó ¡ZAS!, dimos la vuelta y nos apresuramos por la otra calle.

En efecto, nuestro instinto (y las direcciones sacadas de internet) nos llevaron hasta el hostal. Eso sí, nos costó verlo pese a tenerlo frente a nuestras narices. ¡Menos mal que no muerde!



SEOUL STATION PENCIL HOSTEL

Es el nombre del hostal donde pasamos las primeras dos noches. Lo escogimos porque estaba cerca de la Estación de Seúl (unos 10-15 minutos a pie) de donde cogeríamos el tren a Busan en dos días.

El albergue resultó estar junto a una calle con muchos restaurantes y bastante vida nocturna, pero situado en un callejón (muy coreano) al que no llega el ruido.

La chica que nos atendió fue amable y hablaba buen inglés. La habitación (para 3 con baño, como todas las demás en las que nos alojamos) era espaciosa y tenía una pequeña cocina. Pero pronto descubrimos sus pegas: el internet solo funcionaba en la zona común (pese a que debería funcionar en el cuarto), y no conseguimos encender la TV ni el aire acondicionado. En resumen, muchas instalaciones y poca utilidad.

Pero por lo demás, el lugar me gustó. Limpio, espacioso, trato amable y con desayuno que te cocinaban al momento. El mayor PERO era no tener internet en el dormitorio.

Aquí un pequeño inciso. En todas las habitaciones coreanas hay que descalzarse para entrar y dejar los zapatos en la entrada. Y los baños son a la coreana, es decir, no hay plato de ducha, o mejor dicho, todo el baño sirve de plato. El suelo del baño tiene un desagüe y entras al baño con chanclas para no mojarte los pies. Seguramente lo habréis visto en doramas. Pues sí, los baños son así.

¡Una puerta coreana!


LA CENA

Tras afincarnos en nuestros propios aposentos, adecentarnos para volver a sentirnos humanas y mandar señales de vida a nuestras respectivas familias (con grandes pericias para dar con la señal de internet) decidimos aventurarnos en el mundo exterior en busca de un lugar donde cenar.

Como he dicho, el hostal está situado junto a una zona repleta de restaurantes, así que no nos faltaban las opciones. Dubbokki, Sundae, takoyaki, barbacoa coreana... todo al alcance de nuestras papilas gustativas. Lo que nos fallaba era el idioma y la vergüenza.

Dimos una vuelta por la zona, maravillándonos con la vida nocturna seulita, las luces, los colores y los primeros buenos especímenes de hombre coreano. Después intentamos decidir qué cenar y dónde. Dado que estábamos más perdidas que un pulpo en un garaje y aún no habíamos cogido callo con el lenguaje de señas (en seguida perderíamos los peros cuando la comida estaba de por medio) nos decidimos por un clásico de los doramas: ¡POLLO FRITO Y CERVEZA!

Ayudó en nuestra elección que el menú estuviera también en inglés, aunque la habilidad para la lengua shakespeariana del camarero era más bien nula.

Nur logró hacerse entender con un impresionante dominio del inglés (decir los números en inglés y señalar lo que queríamos de la carta >.<) y pronto pudimos disfrutar de una refrescante jarra de cerveza y un crujiente paraíso de colesterol. ¡Sabroso!

Además, Hye y yo teníamos unas vistas privilegiadas a la ventana y pudimos gozar de la fauna local. ¡Juro que a algún coreano le tuvo que dar un tirón de cuello de girarse a mirarnos! No, es esta zona de la ciudad no abundan los accidentales.



DULCES SUEÑOS

Después de regreso al hostal y a la cama. ¡Al día siguiente comenzaba la verdadera aventura!

¡GEONBAE!

7 comentarios:

  1. ¡¡¡Qué envidia!!! Yo que me he visto un montón de programas de estos en los que visitan a gente española que vive en Seul, nada más que por saber más cosas de la ciudad y el país.
    Vaya gracia el viejo como se preocupó por vosotras. Eso aquí no pasa xD ¿Es cierto que en Seul las calles no tienen nombres?
    Quedo pendiente del resto de entradas para leer vuestro viaje y que me sigais dando envidia...

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    1. Pues sí tienen nombres, pero no vienen señalizadas como aquí, sino en una especia de señales de tráfico que te señala la dirección.

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  2. Pero que arte tienes para narrar, desde luego enganchas! a veces pienso que deberias dedicarte a escribir libros y no a curar personas! y con ello no digo que seas mala médico! pero si solo eres la mitad de buena que cuando escribes! muchas vidas se habrán salvado!

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  3. He llorado riendome!!! casi las veo en el ascensor con la cara nula con la gota en la cabeza y el botón rojo haciendo su fiesta, aaah y en lo de las pancartas de bienvenidas te faltó perfume y brillitos. Pues yo también te lei lo que explicaste de la T-money como una parrafeada en perfecto coreano xD no entendi, en lo de la comida uffff yo me habria comido cualquier cosa siempre cuando no fuera occidental :3 espero ansiosa el resto de la aventura!!! aah y Ubertini todos pensamos eso de yuna y los libros pero se nos muere de hambre solo con arte (aun así yo la llevo empujada a terminar con uno de ellos!!) :( que te lo digo yo que mi arte entra fácil por ser más físico y decorativo y ni así pega (me gano bien cuando me sale algo pero si no es duuuuuuuro)

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    1. Pues la T-Money es una tarjeta para andar en el transporte público, más barato que el billete ordinario.

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  4. YUNA; Uno: extrañamos tu prosa en las reseñas, Si. Dos: Leí todo con una sonrisa que me preguntaron, ¿por qué sonríes sola? llevas 5 minutos así! Tres: Me dejas con tres puntos suspensivos y en espera de tu próxima entrada. Si esto son las primeras horas, no me pueda imaginar lo que nos espera! Me encantó lo del coreano y su cuello, ya nos confirmarás que no fue el único, ¿verdad?.

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    1. No sabes lo que me ha ilusionado leer tu comentario. Me sacas los colores. Pues no tengo mucho tiempo para ver doramas últimamente, ya lo siento. Pero si puedo prometer seguir recontando nuestras aventuras en Corea. Tenemos algunas anécdotas divertidas y otras curiosas ;)

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