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viernes, 13 de mayo de 2016

COREA EN 12 DÍAS: DÍA 1 (PARTE 2)





GRAND KPOP FESTIVAL



Había llegado el momento. Mi primer concierto kpop, y nada menos que gratuito y en la mismísima Corea. A veces los sueños se hacen realidad de dos en dos o de tres en tres.

El Gran Kpop Festival buscaba acercar la cultura coreana, vía su famosa ola hallyu, al extranjero con un concierto gratuito. En un derroche de talento podríamos disfrutar de grupos tan famosos como CNBlue y Girls Generation, entre otros.

Se celebraba en el Estadio Olímpico construido en 1988 para celebrar las Olimpiadas. A los que hayan visto el dorama "Reply 1988" les traerá muchos recuerdos el lugar.

Tuvimos que madrugar y dejarnos los dedos en el teclado para conseguir las entradas online (antes del viaje) y ese día nos tragamos una interminable cola bajo un sol de justicia, con Nur a punto de brotar y yo al borde de una lipotimia...pero al fin lo habíamos conseguido. Estábamos dentro des Estadio Olímpico a punto de ver en vivo a uno de nuestros grupos favoritos (entre otros muchos): CNBlue. ¿Merecería la pena?

Supongo que la pregunta está de más.

Frente al escenario habían dispuesto un grupo de sillas de plástico numeradas para el público extranjero. Los coreanos que habían logrado las entradas restantes ocupaban las gradas en la lejanía. Verían poco más que hormigas sobre el escenario, pero al menos verían más que nosotras a quiénes sentaron en una esquina, con una grúa con cámara en medio que nos tapaba la poca vista en diagonal que pudiéramos haber tenido del escenario. Nos tuvimos que conformar con verlos en las pantallas, al menos los podríamos oír en directo.



Mientras esperábamos devoré el cómic de leyendas coreanas que nos habían regalado a la entrada, sólo atenta a medias a los chismorreos de mis amigas. Pronto la chica que se sentaba a mi derecha entabló conversación conmigo.

Debo admitir que nunca antes una perfecta desconocida me había dicho que le parecía guapa y tenía unos ojos muy bonitos. ¡Nada menos que tres veces! (Ya me lo podía haber dicho un coreano, vaya. Pero no tuve esa suerte. Y como se suele decir... A caballo regalado no le mires el diente. Quien soy yo para no aceptar tan agradables piropos).

A lo largo de nuestra conversación descubrí que era china y estudiaba coreano en una de las muchas universidades seulitas. Decía no ser demasiado fan del Kpop pero allí estaba en el concierto y en Corea estudiando su idioma... Venía acompañada por todo un grupo de estudiantes extranjeros, la mayoría chinos, aunque había algún japonés y un occidental infiltrado. Y los tres que se sentaban delante asintieron su acuerdo cuando dije que habíamos ido a ver a CNBlue, uno de nuestros grupos predilectos (y gracias al que conocí a Hye, todo sea dicho). ¡Ya me caían bien estos chicos!

Hye aprovechó para sacar el calendario de los azulitos que se había comprado y enseñar orgullosa a su Yong Hwa, mientras la chinita insistía en lo bonitos que eran mis ojos. ¿Me había sonrojado ya? (¿Por qué no conquisté con mi mirada a un atractivo coreano?)



Y dio inicio el concierto. Debo decir que para estar dirigido a turistas y visitantes con el fin de promover su cultura los MC hablaron exclusivamente en coreano. Vamos, que no entendimos ni papa. ¡Ya podrían haberse estirado un poco con el inglés!

Tras una presentación todas las bandas pasearon por el escenario, salvo las Girls Generation que estarían ocupadas porque no aparecieron hasta el final.

¡Y había llegado el momento! El gran espectáculo daba comienzo ¡y nada menos que con nuestros CNBlue! ¿Quien dijo que había que dejar lo mejor para el postre cuando puedes tenerlo de aperitivo. Los vimos en las pantallas, porque cómo he dicho nuestra visión del escenario era cuanto menos limitada. Eso sí, la panorámica de la grúa era excelente.

Pero los pudimos escuchar en vivo y estuvieron fantásticos, incluso aunque tocaron "Can't Stop Me Now" (que no es precisamente de mis favoritas) y un solo de Yong Hwa al piano con una lluvia de flores virtuales muy romanticón que dejó a Hye catatónica. Aún estoy intentando bajarla de la luna...
Aunque debo admitir que me decepcionó que la cámara no enfocara nunca a Jungshin, es también un miembro del grupo. Yonghwa y Jonghyun se chuparon toda la cámara y suerte que mi cachorrito (Min-hyuk) estaba detrás del líder y la cámara le pillaba de fondo, pude disfrutarlo.



Les siguieron (no recuerdo bien el orden) Chen (EXO), BTOB, EXID, BEAST, BLOCK B, Taemin (SHINee) y Girls Generation.



A destacar Chen de EXO que nos emocionó a todos con sus baladas. La voz de este chico es impresionante, merece escucharlo en directo, me puso la piel de gallina.

Las EXID fueron divertidas y refrescantes. Y Taemin de SHINEE se marcó un baile espectacular (porque todos sabemos que cantar lo que se dice cantar... no es el fuerte de este chico). BTOB y Block B estaban cargados de energía e invitaban a mover el esqueleto. Pero los que nos pusieron a todos en pie y a bailar fueron los BEAST con su éxito "Good Luck". 



Y para clausurar, la girlband más mítica del Kpop. Por supuesto que me refiero a las Girls Generation. Mira que no soy demasiado fan de estas chicas pero terminé cantando "Mojito" (y "vinito". Nur sigue insistiendo en que lo dicen en la canción. No le  llevéis la contraria...) como la que más.

Un nuevo paseo por el escenario de los grupos (está vez sin CNBlue, que tendrían algún compromiso) y c'est fini! La verdad que el final fue algo soso y repentino, sin un mísero encore ni una colaboración, pero como bien dijo Nur era un concierto gratuito. ¡No se puede pedir más!

¡Admirad la magnífica grúa con cámara! :P


Me despedí de mi admiradora china  y pusimos rumbo al metro... en hora punta... una experiencia que no me gustaría repetir. Imaginad el metro coreano a rebosar con los coreanos que volvían a casa...y ahora añadidle una marabunta de kpoppers eufóricos recién salidos de un concierto. No morir ahogado o aplastado en el intento es toda una odisea. Pasé miedo, verdadero miedo. Las ajummas son unas auténticas fieras, expertas en colarse en cualquier fila, y la agresividad de una jovenzuela coreana para conseguir sentarse es sólo comparable a una jauría de perros persiguiendo una barbacoa.

De algún modo conseguimos salir de una pieza. Nos dimos una vuelta por los alrededores del hostal buscando qué cenar, con nuestra habitual indecisión y cien paseos más tarde, conseguimos decantarnos por el takoyaki para llevar. Fue una decisión muy difícil, tenéis que entender que enfrente había un puesto donde vendían dubokki, kimbap y otras especialidades del país. Pero había que elegir y habría más oportunidades para probar los snacks locales (de hechos habría muchísimas más, pero eso lo dejo para próximos episodios), así que el takoyaki ganó la apuesta.

Con nuestras delicias japonesas volvimos al hostal y coronamos la velada con un picnic en la habitación. El takoyaki buenisimo, por cierto, tenemos pendiente volar a Japón para degustar el auténtico (ese espero que sea un próximo capítulo en nuestras vidas).

Con el estómago satisfecho y el sabor de los sueños cumplidos en los labios, nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba un madrugón para descubrir los encantos de Busan.


CONTINUARÁ...

lunes, 5 de octubre de 2015

COREA en 12 DÍAS: Día 1 (Parte 1)

DÍA 1: NAMDAEMUN + pre-GRAND KPOP FESTIVAL




DESAYUNO A LA COREANA

Amaneció un soleado día de verano, el sol parecía tan radiante como nosotras. 

Era EL DÍA. No solo nuestro primer día en Corea, sino el día del Gran Festival Kpop gratuito por el que nos habíamos dejado la piel en el teclado para conseguir entradas. (Todo gracias a Nur). Para más emoción era mi primer concierto kpop (tengo una larga lista de fracasos a mis espaldas) y entre los grupos invitados tocaba nuestro amado CN BLUE. ¡Sí, nuestros corazones son azules! (Entre muchos otros colores). 

Pero no solo vivimos para idols sexys y música (aunque a veces lo parezca). El concierto era a la tarde y había que acudir antes a recoger las entradas (las taquillas se abrían a las 2pm y se asignaban los asientos por número de recogida). A pesar de saber que habría una cola kilométrica nos negamos en redondo a malgastar nuestro precioso día coreano en ella. De modo que decidimos por la mañana visitar la Antigua Estación de Tren (es probable que la hayáis visto en dramas históricos) y la afamada Puerta Namdaemun con su mercado, todo a un paseo del hostal. Y en cuanto a las entradas... ¡qué San Siwi nos amparara!

Bajamos a desayunar con la risa en los labios. El día anterior nos habíamos apuntado en la lista de los que queríamos desayuno en el hostal y pronto descubrimos porqué había que apuntarse. ¡El desayuno te lo preparaban al momento! Y consistía en patatas con brócoli y una loncha de jamón, además de dos bollos de pan calentitos que podías acompañar de crema de queso y mermelada. También había zumo, agua, leche y, por supuesto, café. 

Puede que a algunos os choque este desayuno, pero debéis comprender que para la cultura coreana (y oriental en general) el desayuno es la comida más importante del día. No es raro para ellos desayunar un bol de arroz acompañado de verduras y pescado. Puede que el nuestro no fuera precisamente el típico desayuno oriental, pero sin duda partía del mismo principio básico. 

¡A mí no me importó! Me encanta desayunar, soy el tipo de persona que no arranca por las mañanas si no se mete combustible entre pecho y espalda, y si puedo con las gachas inglesas unas patatas con brócoli eran un juego de niños para mí. Además, estaban sabrosas. 

Mientras desayunábamos y cotorreábamos (sobretodo Hye que asegura ser muy tímida y callada... hasta que coge confianza >.<) las dos trabajadoras del hostal nos rondaban, cuchicheando entre ellas y armándose de valor para acercarse a entablar conversación. Cuando al fin lo consiguieron nos preguntaron sobre nuestra nacionalidad, cómo nos habíamos conocido y cuáles eran nuestros planes para el día. 

Con mi pronunciación macarrónica de los nombres coreanos le respondí titubeante que íbamos a Nam-dae-mun (deben de estar muy acostumbradas al macarrónico porque me entendieron) y entre risas flojas (culpa de Hye que tiene una risa muy contagiosa e inoportuna) añadí que a la tarde teníamos entradas para en Grand Kpop Festival. ¡Debimos de parecerles unas frikis! Pero ellas también tenían kpop puesto en el comedor.

Allí terminó mi primer pinito en esa ciencia infusa que es la sociabilidad. Veréis, a lo largo del viaje Nur y Hye decidieron que yo era la sociable del grupo y como tal recaía sobre mí el deber de conversar con extraños. Dado que siempre me he considerado tímida e introvertida esta nueva faceta y delegación de responsabilidades me causó una crisis existencial y gran shock psicológico del que aún me estoy recuperando. (Hye, Nur... ¡espero vuestra indemnización!)

Ay... si mis amigos leyeran esto no se lo creerían. ¿Yo... sociable?



COMPRANDO BILLETES DE TREN...

Con la panza contenta y los sueños en una mochila nos pusimos en marcha hasta nuestro primer destino: La Estación de Tren de Seúl.

Es muy fácil llegar desde el Seoul Station Pencil Hostel donde nos alojamos. Solo hay que salir del callejón donde está el hostal, bajar la calle y tomar la calle perpendicular. En 10-15 minutos de paseo te encuentras frente a la Estación de Seul. Junto a este conglomerado contemporáneo se encuentran también unos Grandes Almacenes Lotte y la Antigua Estación de Tren de Seul.

Antes de iniciar nuestros periplos turísticos decidimos hacer una parada en la Estación de Seul para comprar los billetes de tren a Busan para la mañana siguiente. Optamos por viajar en KTX, el tren de alta velocidad que por 59800 won te planta en tres horitas en la ciudad costera más turística de Corea. El dependiente de la taquilla entendía bien el inglés (por suerte, porque me dirigí a él con bastantes dudas sobre si nos íbamos a entender) y no tuvimos ningún problema de disponibilidad por comprar los billetes de un día para otro. 

Con los tickets asegurados nos dirigimos hacia el primer destino turístico del día: La Antigua Estación de Seul.

Fuente: snipview

ANTIGUA ESTACIÓN DE SEUL

Construida en 1925, la estación fue originalmente conocida por el nombre de Keijo o Gyeongseong. Diseñada por Tsukamoto Yasushi, de la Universidad Imperial de Tokyo, con un estilo eclético que se mezcla con el bizantino, la estación fue nombrada en 1981 como el Lugar Histórico 284. En el 2007 comenzó su remodelación como un espacio cultural, buscando darle una utilidad a la vieja estación que había quedado obsoleta junto a la nueva. En 2011 la estación se volvió a abrir al público como un complejo cultural que había mantenido su exterior intacto, espectador del paso del tiempo y los vaivenes de los viajeros. Ahora la antigua estación alberga salones para exposiciones y otros eventos.

Nos encontramos ante un edificio de ladrillo rojo, un anciano superviviente de la Ocupación Japonesa, un viejo soñador que se aferra al clasicismo de un tiempo pasado y persiste testarudo entre gigantes de cristal y metal. Sin ser impresionante, se hace querer con su aire de señorona inglesa, un vestigio de un occidente orgulloso que se colaba a la fuerza tras las fronteras de este hermético país oriental.

No cuesta imaginarse a los viajeros que una vez poblaron sus salones, algunos trajeados, otros en hanbok... Casi esperé ver a Gaksital cruzando la puerta como un héroe enmascarado luchando por la independencia.

En sí el edificio es una parada rápida. Admirar el exterior, asombrarse por su entorno cosmopólita y sus sorprendentes contrastes (Seúl es una ciudad de contrastes) y sacarse alguna foto. O, en nuestro caso, un photobook.

Había una exposición gratuita en el interior, pero ni Nur ni Hye quisieron entrar y dado que andábamos justas de tiempo decidí no insistir. Aunque me quedé con las ganas de asomarme para ver si habían conservado algo del interior original.



PUERTA NAMDAEMUN

A escasos 5 minutos a pie de la Estación de Seúl se encuentra la puerta Namdaemun. Solo tuvimos que situarnos con el plano, cruzar una macro-carretera por nuestro primer paso subterráneo seulita y caminar por una inmensa avenida para dar con otro de esos impresionantes contrastes de la gran ciudad coreana.

Entre rascacielos, rodeada por el inagotable tráfico del gigante coreano, se yergue atemporal una puerta centenaria, que bien podría ser un pasadizo al pasado, a los albores de la dinastía Joseon.

Oficialmente conocida como la Puerta Sungnyemun, la Puerta Sur, es uno de los ocho portales (4 principales y 4 auxiliares) de la muralla que fue erigida para proteger Seúl durante la era joseon. Fue construida en 1398, durante el último año de reinado del Rey Taejo (el fundador de la dinastía) y más tarde sería reconstruida en dos ocasiones: la primera en 1447, durante el 29º año de reinado de Sejong El Grande y otra entre 2008 y 2013 tras ser gravemente dañada en un incendio.

Dicen que Sungnyemun significa fuego y precisamente tiene esta palabra escrita en vertical con carácteres chinos, una pecularidad que la distingue de las otras puertas. Al parecer, el rey Taejo creía que el fuego alcanzaría algún día la capital y construyó esta puerta como protección frente al fuego, de ahí que esté escrito en vertical.

Es cuanto menos paradójico que la puerta fuera casi destruida por un incendio (provocado) en febrero del 2008. Por suerte, tras 5 años de trabajos de reconstrucción, volvieron a ponerla en pie y ahora podemos disfrutarla en todo su esplendor.

Está privilegiadamente situada entre la Estación de Seúl y la Plaza de Seúl (donde está el ayuntamiento), y a sus pies discurre el popular y vivaracho mercado de Namdaemun, nuestra siguiente parada.

Es otra visita corta, pero obligada. Nos maravillamos con el contraste entre la vida contemporánea y aquella superviviente de la historia, lo nuevo y lo viejo conviviendo en una peculiar armonía. También era nuestro primer encuentro cara a cara con la arquitectura clásica coreana (terminaríamos con una sobredosis de pagodas).

¡Aquello se merecía otra sesión de fotos!



MERCADO NAMDAEMUN

Tras la Puerta Sungnyemun se encuentra el mercado.  (Bueno, por detrás si te acercas a la puerta desde la Estación de Seúl, pero quedaría delante si caminas desde la Plaza de Seúl).

Nos reubicamos con el plano (¡Bendito plano! Ha sido mi fiel compañero de andanzas, (casi) nunca me ha fallado. De hecho, me lo he traído de recuerdo a casa pese a estar destrozado por el uso. Ahora es casi un bonito puzle) y tras reubicarnos cruzamos la carretera tras la Puerta por otro subterráneo para llegar al famoso Mercado de Namdaemun.

Calles y calles estrechas de pequeñas tiendas y tenderetes. Ropa, bisutería, comida, souvenirs... todo al alcance del bolsillo.

Seul es una ciudad consumista, calle tras calle, tienda tras tienda, te seduce a comprar. Aquel fue nuestro primer encuentro con aquel fenómeno y dado que aún nos quedaban muchos días por delante conseguimos resistirnos. Cosa que no se repetiría más adelante. Sí, no me avergüenza decir que nuestras maletas llegaron bastante más gordas de lo que salieron de casa.

El Mercado Namdaemun es divertido, lleno de actividad a cualquier hora del día (y según dicen de la noche. No pudimos comprobarlo). Ideal para dar una vuelta y vaciar un poco la cartera. No es bonito, pero sin duda es toda una experiencia coreana.

Allí Hye tuvo un encuentro con un par de tenderos encantados de saber que era peruana y bromear sobre el Machu Pichu. ¡Y despedirse chapurreando español! ¡Qué divertidos!

Nuestro souvenir del Mercado Namdaemun. Gomawo Hye!!

SEOUL SPORTS COMPLEX

Una vez hubimos recorrido las callejuelas del mercado pusimos rumbo de vuelta al hostal, para coger y dejar cosas y bajar al metro, directas al Complejo Deportivo de Seul, donde se celebraría el esperado concierto.

Para llegar al Seoul Sports Complex hay que coger la Línea 2 de metro y bajarse en Seoul Sports Complex. Fácil ¿verdad? ¡Me alegra poder anunciar que esta vez sobrevivimos al viaje en metro sin incidentes vergonzosos! Ya éramos todas una seulitas (casi).

El Complejo Deportivo de Seul fue construido para albergar los Seoul Asian Games de 1986 y las Olimpiadas del 88. Es, como su nombre indica, un enorme complejo deportivo (el más grande de Corea) que alberga el Estadio Olímpico, el Estadio Auxiliar, el Estadio de Béisbol de Jamsil, Jamsil Arena, Jamsil Gimnasio Estudiantil y la Piscina Interior Jamsil.

No fue difícil encontrar el estadio donde se le celebraría el concierto. Solo había que seguir los enormes carteles rosas que lo anunciaban y ¡Voilá! Allí estábamos.



COLAS Y ENTRADAS

Llegamos al recinto apenas 30 minutos antes de que comenzara la recogida de entradas. Para nuestra sorpresa no había mucha gente... ¡Nosotras que esperábamos una cola kilométrica! Había cuatro gatos pelados dando vueltas entre los puestos que habían montado a la entrada.

¡Por supuesto que no podía ser tan bonito y tenía trampa! Pero no fue hasta que anunciaron que iba a comenzar la entrega y que por favor formáramos fila que nos enteramos. ¡Resulta que la cola estaba en la parte trasera de los puestos y daba la vuelta al estadio! Así que no la habíamos visto...

Pues allí que nos tuvimos que poner a hacer cola. Esto creó la divertida paradoja de tener que andar y andar para volver a desandar lo andado de vuelta, y tener que subir una cuesta para luego bajarla. La mayoría de la espera fue bastante llevadera, aquello avanzaba relativamente rápido, oíamos de fondo a CNBlue ensayando y ¡tenía la mejor compañía imaginable!

La peor parte llegó el último tramo, a escasos metros de la taquilla, donde nos pusieron en filas de 5 y tuvimos que esperar indefinidamente bajo en sol abrasador de un caluroso día de verano. Entre el Lorenzo, mi tendencia a la hipotensión, el calor humano acumulado y las dos pesadas de delante que no se enteraban y se iban quedando atrás, retrasándonos a nosotras también... creí que no lo contábamos. Eso o que Nur iba a entrar en brote y cargarse a las dos tipas en un ataque de solidaridad con el mundo fan.

La verdad es que después de habernos tenido que pelear con la venta de entradas online a las 6 am (principalmente Nur, que es nuestra heroína) bien podían habernos asignado los asientos en vez de obligarnos a deshidratarnos bajo el achuchón del sol de septiembre. Seguro que hay una mente sádica y macabra detrás de todo el asunto, no puede ser todo obra de una mala organización. ¿O sí? Pero tampoco me voy a quejar mucho de un concierto gratis y la oportunidad inolvidable de escuchar a CNBlue en directo.

Al fin conseguimos alcanzar el paraíso prometido... digo... la taquilla tras una ardua y calurosa espera. Nos hicimos con nuestras entradas y más contentas que tres pascuas pudimos escapar del pequeño infierno. Aún quedaban varias horas hasta el concierto y algo menos hasta que abrieran el recinto al público, de modo que decidimos aprovechar e ir a comer por la zona.



KIMBAP, TAPONES Y UN COREANO

No nos fue difícil encontrar donde comer, solo había que seguir la riada de fans hambrientos. En el estadio de béisbol, que estaba en frente, había varias opciones... un Burger King, un pequeño supermercado y un típico restaurante coreano, de esos regentados por ajummas y donde las mesas no son individuales y comes codo con codo con extraños. ¡Por supuesto que elegimos el restaurante coreano! Como no...

Entre la carta de sopas, fideos y arroces... decidimos probar el famoso kimbap. Para los despistados culinarios, el kimbap es similar al maki japonés pero con verdura y sin pescado. Es decir, un rollo de arroz relleno de tiras de hortalizas y envuelto en algas nori.

Fue nuestro primer pinito con la gastronomía coreana (al menos en Corea) y nos sorprendió lo barato que era. Comimos por 3000 won cada una, un rollo de kimbap con sus acompañantes. Es costumbre en Corea servir acompañantes con el plato principal, en este caso creo que tuvimos sopa y el clásico rábano que nunca puede faltar. He de confesar que me volví adicta a ese extraño nabo amarillo ¡y no tenía competencia! ya que a mis compis no les convenció. Nur a cambio saqueó todo el kimchi del viaje con gusto.

El restaurante estaba a tope. En realidad, toda la zona lo estaba, rebosante de kpopers hambrientos y emocionados. ¡Los restaurantes hicieron su día! Pero conseguimos hacernos hueco en una de las  abarrotadas mesas. Pedir no fue muy complicado, solo había que decir kimbap y/o señalar la foto con el dedo. Descubrimos que no vendían bebidas, pero había una maquina dispensadora de agua. Esto es algo común en Corea, el agua entra automáticamente en el pedido ¡GRATIS!. ¿No es genial? A mí me lo parece, que vengo de una tierra donde te miran con desprecio cuando pides un vaso de agua en un restaurante.

De todos modos, como Hye y yo teníamos antojo de coca-cola (agua gratis y bebemos coca-cola... somos unas caprichosas), dejé a las chicas a cargo de cuidar la mesa y esperar la comida y me aventuré a la tienda de al lado a por un par de coca-colas y una cerveza para Nur. La tienda estaba abarrotada también, vendía mucha comida preparada (otra cosa típica en Corea que ya probaríamos más adelante) y había quien había optado por hacer un picnic en la calle. Me hice con las coca-colas, pero no conseguí la cerveza. No es que no la vendieran, sino que vendían botellas, nada de botellines ni latas como en España. Y no era plan de empezar por emborrachar a Nuri antes del concierto... ¿o sí?

Tras otra cola nada desdeñable conseguí regresar con mi botín al restaurante. Allí Hye y Nur peleaban su propia batalla... ¡intentar aclararse con el pedido! Veréis, las ajummas del restaurante iban llamando los números del pedido según estaba la comida ...¡en coreano! Podéis imaginaros en panorama. Menos mal que Nur está estudiando coreano y tiene algo de oído hecho... que sino allí que nos quedamos indefinidamente escuchando chapurrear un idioma extraño.

No sé muy bien como, o mejor dicho gracias a la picardía de Nur, conseguimos hacernos con la comida. Fue en ese lapso de tiempo que un coreanito bastante mono (todo sea dicho) se me sentó al mi lado. Debía de ir al concierto para ver a su diva, porque pasaba el tiempo viendo fotos y vídeos de una idol femenina, que no reconocí, en el móvil (soy bastante lego para eso de las girl-bands). El chico estaba solo con su comida, su móvil y su idol. ¡Y entonces se me cayó la tapa del botellín de coca-cola junto a su plato! ¡Juro que un accidente, completamente inintencionado! (No hagáis caso a las hipótesis sin-sentido de Hye, yo no ataco con tapones a los coreanos guapos como método rebuscado de ligar. ¡Soy inocente!)

El pobre muchacho dio un bote en el asiento al verse invadido por un proyectil de plástico rojo tan amenazador. Probablemente roja yo también, me apresuré a musitar una disculpa en inglés mientras recogía el objeto del pecado. A lo que el chico respondió en un perfecto inglés "It's ok".

¡"It's ok", y un pimiento! En cuanto  tuvo ocasión se cambió disimuladamente de sitio, convenientemente al lado de la máquina de agua y alejado de la peligrosa vasca lanza-tapones (a falta de pedruscos, una tiene que improvisar). A todo esto Nur regresó con nuestra comida para encontrare a Hye intentando reírse disimuladamente. Os adelanto desde ya que eso es un imposible. Una vez que Hye empieza a reír (a menudo por razones desconocidas) es imposible pararla y lo peor es que es tan contagiosa que termina riéndose uno mismo sin ni siquiera entender el chiste. Probablemente el ataque de mal disimulada risa terminó por convencer a nuestro amigo oriental de nuestra inestabilidad psíquica. Si ya se sabe que las occidentales somos muy peligrosas...

Percances aparte, debo decir que el kimbap estaba muy bueno. Fue la primera vez que probé el nabo amarillo coreano y (al contrario que a Hye) me gustó. Fue toda una revelación.

Así, vivimos una auténtica experiencia coreana en un restaurante típico de dorama. Ya podíamos tacharla de nuestra lista. (Esa y la de espantar a un coreano con un tapón de coca-cola también).



IDOL MARKET

Al salir del establecimiento nos encontramos con que la calle se había transformado en un mercadillo. Había puestos y puestos de snacks coreanos (como acabábamos de comer no picamos nada) y ¡lo mejor! puestos y puestos de merchandasing de los grupos que iban a dar el concierto (y alguno extra). Bufandas, calendarios, fotos, pegatinas, lightsticks... CN Blue, EXO, Shinee, Girls Generation... Todo lo que un kpopper pudiera desear y tenderos más que dispuestos a vender lo que hiciera falta.

Estuvimos entretenidas paseando entre tenderetes repletos de caras bonitas. Por insistencia de las chicas me decidí a comprar un lightstick de CN Blue, al parecer hay que ir preparada para los conciertos... Ellas también compraron el suyo y los rebautizamos como joysticks por un desliz de mi lengua. Hye, además, no pudo resistirse a arrasar con el merchandasing del grupo. La niña tiene un pequeño gran problema con Yonghwa, es que la mira con esos ojitos negros y pierde el norte... y el sur, el este y el oeste también. Si a día de hoy Corea aún vende productos del cantante se debe únicamente a la ardua labor que hicimos Nur y yo por preservar la economía de Hye.

Una vez armadas con nuestros joysticks azules pusimos rumbo al concierto, cuan las tres mosqueteras al servicio de los reyes pitufos. Aún nos esperaba otra grata sorpresa, y es que a la entrada nos regalaron un cómic con mitos coreanos y una carpeta, propaganda para promover la cultura por parte de una asociación del lugar. ¡Y nos los ofrecieron en español! Así, tuve entretenimiento mientras esperaba a que el concierto diera comienzo. Sí, me devoré el cómic en esos minutos entre los cuchicheos y risitas de mis compañeras. ¿Qué puedo decir? No puedo resistirme a los cómics, la literatura y la cultura. ¡Soy así!


CONTINUARÁ...

¡Y eso es todo amigos! No, no me linchéis... prometo seguir escribiendo, pero he decidido dedicarle una entrada entera solo al concierto. No quería alargarme demasiado en ésta. Así que os dejo con los dientes largos por el momento, pero VOLVERÉ. Las aventuras de las tres mosqueteras no terminan. ¡Espero veros en el siguiente fascículo!




CONTINUARÁ EN EL PRÓXIMO EPISODIO...

jueves, 24 de septiembre de 2015

COREA en 12 DÍAS: Día 0

DÍA 0: LLEGADA A COREA

Los sueños no se hacen realidad, los haces realidad. 

Y así lo hicimos. Hicimos realidad nuestro sueño de viajar a Corea. Y fue mejor que todo lo que pudiéramos haber soñado. Hemos vuelto con un universo de recuerdos y un saco de anécdotas por contar. Espero que a través de las siguientes entradas disfrutéis este viaje tanto como lo hicimos nosotras.

¿CÓMO SURGIÓ EL VIAJE?

Ese es el gran misterio...

Todo comenzó con una inocente conversación de Whastsapp, una de esas tantas charlas hilarantes que suelo compartir con mis amigas doramaniacas. En esta conversación en concreto mi co-bloggera y gran amiga Nur (Zaserty) hizo un brillante comentario. No recuerdo sus palabras textuales, pero venía a decir lo siguiente: "He estado ahorrando y este año quiero ir de vacaciones a Corea".

No era un comentario inusitado. Cuando eres una doramaniaca y k-popera (entre muchas otras cosas) viajar a Corea es un sueño compartido y recurrente. Pero este inocente comentario tendría grandes repercusiones. ¡Porque de verdad terminamos en Corea! 

¿Cómo?

Creo que cuando tanto Hye Yun (una buena amiga y autora invitada ocasional) como yo (soy Yuna, por cierto :P) respondimos a Nur que nos apuntábamos al plan lo hicimos medio en broma, pensando que no llegaría a nada más que otro chiste, otro sueño común. Pero a lo largo de las siguientes conversaciones ese pequeño comentario fue tomando forma y antes de darnos cuenta estábamos haciendo planes, mirando vuelos y concretando fechas. Y sin terminar de creernos que de verdad lo estábamos haciendo, estábamos preparando un viaje juntas a la tierra de nuestros sueños. ¡Lo hicimos!

¡El día que compramos los billetes de avión el sueño se volvió una realidad! Aunque debo decir que aún necesité de un par de meses para terminar de creerme que, en efecto, nos íbamos a Corea. 

Por el camino al sueño tuvimos nuestros momentos de crisis. Hye estuvo a punto de quedarse en tierra por asuntos personales. Por suerte, todo se resolvió y pudimos volar al País de los Doramas. ¡Las tres juntas! Eso en si mismo es ya todo un sueño cumplido. Este viaje no hubiera sido ni una tercera parte de divertido si no lo hubiera podido compartir con ellas.

Tantas risas, tantas anécdotas, tantas locuras... ¡ASÍ ES NUESTRO RECUERDO DE COREA!



PREPARACIÓN DEL VIAJE

Hicimos todo por nuestra cuenta. Compramos los vuelos por internet y reservamos los albergues vía Booking. Todo lo demás lo hicimos personalmente en Corea.

Decidimos visitar Busan, Jeonju y, por supuesto, Seúl. El plan inicial sufrió varios cambios por el camino, primordialmente porque cuando teníamos todas las reservas hechas Nur se enteró de que había un Gran Festival K-Pop gratuito en Seul y coincidía con nuestro primer día en Busan. Así que tuvimos que cambiar el planning precipitadamente. ¡Con mucho amor por supuesto! No había forma posible de que nos perdiéramos semejante acontecimiento. ^^

De modo que el plan final quedó en pasar nuestro primer día en Seul, 3 días en Busan, 1 en Jeonju y los restantes días en Seul.  

Nur se encargó de reservar albergues y una búsqueda exhaustiva de lugares de interés doramaniaco, mientras yo me hice cargo de la vertiente histórica y cultural (Creo que Hye y Nur aún me guardan cierto rencor por tanto templo y palacio que les hice recorrer. Pero quiero creer que les gustaron mis clases de historia coreana, gentileza de tanto drama histórico). Mientras, Hye se dedicó a ... bueno, ser Hye. >.<  Es lo que mejor se le da. :P

Los billetes de autobús y tren para movernos entre ciudades los compramos en Corea y no tuvimos ningún problema con hacerlo con poca antelación.



EL VIAJE

Hye Yun voló desde EEUU con Korean Air. Consiguió un vuelo directo y pudo disfrutar de doramas y películas coreanas durante las 14 horas de viaje. (¡Suertuda!)

Mientras, Nur y yo despegamos de Madrid (España) con Turkish Airlines, vía escala en Estambul, hasta el aeropuerto de Incheon donde nos esperaba Hye. En total unas 16 horas de viaje (escala de 2 horas incluida). A eso hay que añadirle las casi 6 horas de viaje en bus que me tragué desde mi ciudad, San Sebastian, hasta Madrid. Terminé sin tener muy claro dónde tenía las piernas y cuál era su función, pero mereció la pena.

Elegimos Turkish porque ofrecía el precio más económico y fue una elección acertada. Un vuelo sin retrasos ni incidencias, trato amable y buen servicio (que incluía comida, bebida, un neceser, auriculares... y una delicia turca al despegar). Cada asiento tenía su propia pequeña televisión donde elegir entre una variedad de films, series, juegos y música. Tuvimos la suerte de contar con una pequeña selección de cine oriental, así que nos lo pasamos en grande viendo juntas "Fashion King" y especialmente "Twenty".

Nos dieron de comer tres veces, una en el vuelo corto a Estambul y otras dos en el largo a Corea. Como consecuencia entramos en una paradoja alimenticia-temporal, ya que cenamos dos veces y desayunamos a las 5 de la tarde, hora coreana. ¡Toda una experiencia!



LA LLEGADA

Aterrizamos sin incidencias y logramos localizar nuestras maletas sin mayores percances. Por el camino en el aeropuerto Nur y yo nos repetíamos una a la otra: "¡No te lo vas a creer! ¡Estamos en Corea!"

Es una realidad innegable una vez que te ves rodeada por caras orientales y ojos rasgados.

A nuestra llegada nos esperaba la primera decepción. ¡HYE NO NOS ESTABA ESPERANDO CON PANCARTAS! Y eso que habíamos hecho patente en repetidas ocasiones nuestro deseo de un recibimiento con carteles y corazones de colores. Pero nada, nuestro gozo en un pozo. ¡Es más, la pequeña tigre ni siquiera estaba en la puerta de llegadas esperándonos! ¿Os lo podéis creer?

Por suerte, estuve perspicaz localizando rápidamente un Starbucks (punto neurálgico donde encontrar Hyes) y de camino allí en efecto dimos con ella, vaso de café en mano. Bueno, para ser exactas ella dio con nosotras gracias a su espectacular capacidad auditiva y de deducción. Dicho con sus propias palabras: "Oí hablar español y supe que eran ustedes". ¿Quién más iba a hablar castellano en un aeropuerto coreano?

Espectáculo en el Aeropuerto de Incheon


CAMBIAR DINERO

Tras un saludo efusivo y emocionado, nos dispusimos a nuestra primera aventura en tierra coreana... ¡CAMBIAR DINERO!

En el Aeropuerto de Incheon hay servicio de cambio de divisa 24h (aparte de cine, spa, pista de patinaje y no-se-cuantas pijadas más). El mostrador se encuentra cerca de la Puerta de Llegadas Internacionales así que enseguida lo localizamos. (Ayudó que Hye había tenido tiempo de dar una mini-vuelta por las inmediaciones).

Decidimos cambiar una buena pizca de dinero para no tener que preocuparnos demasiado con encontrar Casas de Cambio durante nuestro viaje. (Hay que tener en cuenta que teníamos que pagar el alojamiento). A pesar de todo tuvimos que volver a cambiar más adelante, pero nos llegó ese primer cambio para aproximadamente la mitad del viaje.

Tuvimos que acostumbrarnos pronto a la moneda coreana, a manejar cifras en miles. Después de todo 1000 won no son nada. Para haceros una idea, en el momento de nuestro viaje 1000 won equivalían aproximadamente a 0.75 euros o 0.84 dólares.



EL METRO y LA T-MONEY

Dinero en mano nos dirigimos hacia el tren/metro que nos llevaría desde el aeropuerto al corazón de Seúl. Antes intentamos localizar un punto de venta de T-Money, sin éxito.

La T-Money es la tarjeta de transporte coreana. Pagas el precio inicial de la tarjeta y lo demás lo vas cargando en ella en función de la necesidad. Sirve para el metro, el autobús y es incluso aceptada en algunas tiendas de ultramarinos. La usamos tanto en Seúl como en Busan sin problema (un puntazo que la tarjeta sirva en distintas localidades). La puedes comprar en máquinas que se encuentran en las estaciones de metro y en tiendas de abarrotes (convenience-stores) y a tu partida puedes meter la T-Money en una máquina que te reembolsa el dinero cargado (salvo el coste inicial de la tarjeta).

Obviamente, sale más económico viajar con la T-Money que con billetes ordinarios (con la T-Money cada viaje de metro cuesta unos 1200 won).

Pero, aunque sabíamos todo esto, no logramos encontrar dónde comprarla en el aeropuerto y nos tuvimos que conformar con un billete ordinario de ida a Seúl. Lo compramos en unas máquinas a la entrada del tren, todo en inglés y sin problemas. En general, tanto el aeropuerto, como el metro y los lugares de interés turístico estaban indicados en inglés.

Probablemente habrá lugares dónde comprar la afamada T-Money, solo que nosotras no los encontramos y como no queríamos perder más tiempo dando vueltas por el aeropuerto decidimos viajar a Seúl y ya nos las arreglaríamos allí.

El viaje al corazón de Seúl dura aproximadamente una hora. Ser las únicas occidentales en un tren de coreanos es toda una experiencia, y alguna expresión perpleja ya nos encontramos.

Tuvimos que hacer transbordo al metro para viajar hasta la zona donde teníamos el hostal donde pasaríamos las dos primeras noches. Es en una tienda en la propia estación subterránea donde dimos al fin con la T-Money. Conseguimos hacernos entender con el dependiente mediante sus señas e inglés macarrónico y nuestra timidez natural y logramos comprar y cargar la tarjeta. ¡Eureka!

No era más que el comienzo de la aventura...

Al dar con las máquinas para salir de la Línea Incheon y tomar el metro nos encontramos el primer gran enigma coreano... ¿Había que pasar el billete que habíamos utilizado para el tren Incheon-Seúl? ¿O la T-Money?

Fue el primer fallo épico de nuestra lógica aplastante. (Descubriréis a lo largo de este viaje que los coreanos son aplastantemente ilógicos). Nuestro ejercicio mental fue el siguiente: Para salir de la Línea del Aeropuerto habría que utilizar el billete del aeropuerto y más adelante habría otra máquina para entrar al metro en la que pasar la T-Money.

¡ERROR!

Si que pudimos salir de la línea de Incheon con el billete ordinario, pero luego se accedía directamente a la línea de metro, Ergo... cuando fuimos a salir nos encontramos con  que ninguna de las tarjetas funcionaba.

¡Estábamos encerradas en el metro coreano y sin escapatoria!

Que no cunda el pánico. Una amable mujer nos ayudó a salir (en general, los coreanos fueron muy amables) y una de las trabajadoras del lugar nos leyó ambas tarjetas, nos echó una parrafada en coreano de la que no entendimos ni papa, a la que nosotras asentimos con cara de bobas entendidas (una habilidad que pronto desarrollamos y encontramos de gran utilidad) y nos dimos a la fuga sintiéndonos estúpidas.

MORALEJA DE LA HISTORIA: Para entrar al metro y/o hacer transbordo entre líneas hay que usar la T-Money o sacar un nuevo billete ordinario. No hay máquina para salir de una línea y luego entrar a otra, sino que todas son una con el universo subterráneo coreano. Muy zen.



UN COREANO DEMASIADO AMABLE

Después de liarla con la T-Money ¿qué más podía pasar?

Pregunta que uno nunca debe formular.

Pues que llegué al ascensor y con mi lógica occidental aplastante pulsé el primer botón que vi. Ya sabéis, ese que en todo los lugares de dios sirve para llamar al ascensor. ¡Pues no! En Corea tienen dos botones los ascensores. Uno grande, rojo y que te seduce para que lo toques que resulta que es para discapacitados y otro pequeñito y más disimulado, así como escondido, para llamar al ascensor a la manera tradicional.

Podéis imaginar a que botón le di... Y que sonó una alarma muy chula también.

Por suerte, esta vez no invocamos a ajummas coreanas y nadie vino a soltarnos una parrafada en coreano sobre los botones del metro y sus usos.

Para el segundo ascensor ya había aprendido la lección y conseguí llamarlo sin hacer un espectáculo de mi misma. (¿No os sentís orgullosos de mi asombrosa capacidad de autoaprendizaje?)

Pero aquí nos topamos con un ajussi que debió de vernos caras de perdidas (o palurdas, no lo tengo yo muy claro) y  tuvo a bien explicarnos cómo usar un ascensor. (Ajussi, brutas somos pero no tanto...).

Este señor subió con nosotras en  el ascensor a la superficie y cuando nos vio sacar el plano para intentar encontrar la dirección al hostal nos señaló amablemente la dirección.

Nos pusimos en marcha, con las maletas a rastras, rumbos a nuestro primer destino. Se supone que encontrar el lugar era fácil, solo había que dar con un Starbucks y luego un Dunkin Donuts. Bien, pues no vimos ni el Starbucks ni el Dunkin Donuts. Pero con el plano y nuestra capacidad deductiva logramos adivinar la dirección.

A todo esto que nos encontramos con que el ajussi nos está siguiendo. El buen hombre se había desviado de su camino para asegurarse de que íbamos bien. Excesivamente amable, tanto que rozaba en argumento de película de terror... Ajussi excesivamente amable guía a tres ingenuas extranjeras a su propia muerte. Uuuuh!

En realidad, el pobre hombre solo quería ayudar. Solo que esta vez su buena voluntad cayó en saco roto porque nos indicó (e insistió) en la dirección equivocada. Para entonces nosotras ya nos habíamos aclarado con el mapa y sabíamos qué camino coger, y NO era el que nos señalaba el buen hombre.

Pero tanto nos insistió y visto que no tenía intención de dejarnos hasta asegurarse que íbamos en buen camino (lo que él creía era el buen camino) sacamos nuestras dotes interpretativas y fingimos hacer lo que nos decía. Remoloneamos un poco en la dirección que nos indicaba y en cuanto se alejó ¡ZAS!, dimos la vuelta y nos apresuramos por la otra calle.

En efecto, nuestro instinto (y las direcciones sacadas de internet) nos llevaron hasta el hostal. Eso sí, nos costó verlo pese a tenerlo frente a nuestras narices. ¡Menos mal que no muerde!



SEOUL STATION PENCIL HOSTEL

Es el nombre del hostal donde pasamos las primeras dos noches. Lo escogimos porque estaba cerca de la Estación de Seúl (unos 10-15 minutos a pie) de donde cogeríamos el tren a Busan en dos días.

El albergue resultó estar junto a una calle con muchos restaurantes y bastante vida nocturna, pero situado en un callejón (muy coreano) al que no llega el ruido.

La chica que nos atendió fue amable y hablaba buen inglés. La habitación (para 3 con baño, como todas las demás en las que nos alojamos) era espaciosa y tenía una pequeña cocina. Pero pronto descubrimos sus pegas: el internet solo funcionaba en la zona común (pese a que debería funcionar en el cuarto), y no conseguimos encender la TV ni el aire acondicionado. En resumen, muchas instalaciones y poca utilidad.

Pero por lo demás, el lugar me gustó. Limpio, espacioso, trato amable y con desayuno que te cocinaban al momento. El mayor PERO era no tener internet en el dormitorio.

Aquí un pequeño inciso. En todas las habitaciones coreanas hay que descalzarse para entrar y dejar los zapatos en la entrada. Y los baños son a la coreana, es decir, no hay plato de ducha, o mejor dicho, todo el baño sirve de plato. El suelo del baño tiene un desagüe y entras al baño con chanclas para no mojarte los pies. Seguramente lo habréis visto en doramas. Pues sí, los baños son así.

¡Una puerta coreana!


LA CENA

Tras afincarnos en nuestros propios aposentos, adecentarnos para volver a sentirnos humanas y mandar señales de vida a nuestras respectivas familias (con grandes pericias para dar con la señal de internet) decidimos aventurarnos en el mundo exterior en busca de un lugar donde cenar.

Como he dicho, el hostal está situado junto a una zona repleta de restaurantes, así que no nos faltaban las opciones. Dubbokki, Sundae, takoyaki, barbacoa coreana... todo al alcance de nuestras papilas gustativas. Lo que nos fallaba era el idioma y la vergüenza.

Dimos una vuelta por la zona, maravillándonos con la vida nocturna seulita, las luces, los colores y los primeros buenos especímenes de hombre coreano. Después intentamos decidir qué cenar y dónde. Dado que estábamos más perdidas que un pulpo en un garaje y aún no habíamos cogido callo con el lenguaje de señas (en seguida perderíamos los peros cuando la comida estaba de por medio) nos decidimos por un clásico de los doramas: ¡POLLO FRITO Y CERVEZA!

Ayudó en nuestra elección que el menú estuviera también en inglés, aunque la habilidad para la lengua shakespeariana del camarero era más bien nula.

Nur logró hacerse entender con un impresionante dominio del inglés (decir los números en inglés y señalar lo que queríamos de la carta >.<) y pronto pudimos disfrutar de una refrescante jarra de cerveza y un crujiente paraíso de colesterol. ¡Sabroso!

Además, Hye y yo teníamos unas vistas privilegiadas a la ventana y pudimos gozar de la fauna local. ¡Juro que a algún coreano le tuvo que dar un tirón de cuello de girarse a mirarnos! No, es esta zona de la ciudad no abundan los accidentales.



DULCES SUEÑOS

Después de regreso al hostal y a la cama. ¡Al día siguiente comenzaba la verdadera aventura!

¡GEONBAE!